Entre los campos siempre se encuentra algo. No importa qué se busque: cuando aparece, uno siente que lo había estado buscando desde siempre. Aquí el cuerpo se aquieta, la mirada se alarga hasta donde el horizonte la deja y el aire huele a tierra y a animal. Cuando voy al campo me doy cuenta de que no soy dueño de nada, de que no tengo nada. Quizá sea lo único que hace falta para estar.















